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Tears in Heaven

5 min lectura

Uno arranca creyendo que las cosas se hacen con ganas. Que si el proyecto vale la pena, las ganas van a estar.

No funciona así. Las ganas van y vienen, y no avisan.

Lo que queda al final no lo puso el ánimo. Lo puso la conducta.

Los estados no construyen

Las emociones vienen igual, no se eligen. Vas a tener semanas buenas y semanas en las que nada tiene sentido. Eso no depende de vos.

Lo que depende de vos es qué hacés en el medio.

La emoción es un estado: aparece, empuja un rato y se apaga. El enojo rinde unos días, la euforia menos. Después quedás en el mismo lugar, salvo que en ese rato hayas hecho algo concreto.

La conducta es lo que hacés mientras el estado pasa, y es lo único que deja algo atrás. Esa asimetría es todo el asunto: se puede avanzar sin ganas, no se puede avanzar sin conducta.

La decisión fija la conducta

Una decisión tomada en serio no es un sentimiento fuerte. Es una regla de comportamiento: define qué hacés los días que no querés hacer nada.

Saber qué buscás

Todo esto se cae si no sabés qué querés. Conducta sin dirección es aguante, y el aguante no lleva a ningún lado.

No hace falta tenerlo escrito. Alcanza con reconocerlo cuando aparece y descartar rápido lo que no es. Eso solo ya ahorra años.

Lo demás es repetición: la misma conducta muchas veces, en días que no se parecen entre sí.

Con sentimiento no alcanza

Esto vale para un proyecto y vale para dos personas.

Puede haber sentimiento de sobra y no pasar nada. El sentimiento no elige, no sostiene una decisión, no aparece un miércoles a hacer lo que hay que hacer. Es un estado, con las mismas reglas que el resto.

Lo que construye es que los dos elijan lo mismo y se comporten en consecuencia. Muchas veces, incluidos los días en que no lo sienten.

Sin eso no funciona, y no importa cuánto haya.

Lo que no te toca juzgar

La única conducta que podés exigir es la tuya.

Nadie está obligado a bancar tu proceso. Las ganas del otro de acompañarte funcionan con las mismas reglas que las tuyas: van, vienen, no avisan. No son una deuda ni una prueba de nada.

Tampoco podés pretender que te entiendan. Lo que a vos te ordena la vida, para otro puede parecer una excusa o una obsesión, y va a tener sus razones para verlo así. Explicarlo mejor no cambia eso. Se hace igual.

Se puede sostener una decisión y aceptar que alguien no la sostenga con vos. Ninguna de las dos cosas se juzga.


Las emociones van a estar. Está bien que estén.

Pero lo que se construye se mide en lo que hiciste, no en lo que sentías mientras lo hacías.

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